Bienvenido a CAS


...si crees en algo, no debes limitarte a pensar
o hablar o escribir,
sino que debes actuar.

(Peterson, 2003)


lunes, 22 de abril de 2013

Clínica Psiquiátrica Florida, por Martha Puca.


Yo elegí como proyecto para CAS, de seis meses, asistir a la clínica psiquiátrica Florida. Asisto con tres de mis compañeros de generación una vez a la semana dos horas. En estas dos horas les llevamos a los pacientes diferentes actividades para que se distraigan un rato y tengan algo divertido que hacer. Normalmente les llevamos material para hacer manualidades lo cual les gusta mucho y desarrolla su creatividad y habilidad con las manos. Como nuestros pacientes no sólo son mujeres sino que también hombres tratamos de llevar actividades variadas  que puedan ser interesantes para todos. En promedio trabajamos con unos 20 pacientes en cada sesión de terapia y tratamos de darles un trato muy personalizada para que ellos se sientan a gusto y se animen a participar.
En algunas ocasiones decidimos  salir a realizar las actividades al jardín de la clínica, el que es un lugar muy agradable. Tienen una cancha de volleyball la cual utilizamos algunas veces para jugar ya sea volleyball o futbol. Esta actividad les encanta principalmente a los hombres.
Hay veces en las que también hacemos concursos y juegos de destreza mental. Para estas actividades acostumbramos llevar algún premio aunque sea muy pequeño, esto los motiva muchísimo y no sólo premiamos al ganador sino a todos. A veces es difícil encontrar un buen premio que llevarles ya que algunos de los pacientes sufren de diabetes y/o sobrepeso por esto la nutrióloga de la clínica nos pide que cualquier cosa que les llevemos sea saludable y con poca azúcar.
Además no importa la actividad que tengamos planeada siempre les llevamos música para crear un ambiente más cómodo. Creo que esa ha sido una muy buena idea porque les encanta cantar las canciones que les llevamos y siempre recibimos peticiones de nuevas canciones.
Ya llevamos aproximadamente tres meses y medio yendo a la clínica y hasta el momento ha sido una actividad muy gratificante. El primer día que asistimos nos comentó la psicóloga encargada que lo que estábamos a punto de hacer implicaba un gran compromiso ya que este tipo de pacientes psiquiátricos son muy sensibles respecto a que si vas una vez y después dejas de ir por alguna razón, sin importar que la razón haya sido ajena a ellos suelen culparse a si mismos y sentirse indeseados. Es por eso que no podíamos tomarnos a la ligera el compromiso. Ese mismo día los conocimos y para ser sincera sí tuve algo de miedo. Nuca había tenido trato con pacientes y muchos menos pacientes con algún tipo de enfermedad mental. No sabía cómo reaccionarían y tampoco estaba segura de cómo debía de comportarme. Sin embargo con el paso del tiempo nos tienen más confianza, ahora que vamos nos platican, cuentan chistes y esperan con ansias las actividades que llevamos preparadas para ellos siempre al llegar nos pregunta: -Doctora ¿qué vamos a hacer hoy? Y al contestarles siempre tienen una sonrisa. Son personas que valoran lo que hacemos por ellos y son muy agradecidos, además me han enseñado muchas cosas como el compañerismo. Me impresiona ver como se ayudan entre ellos y se echan porras, incluso son pacientes entre ellos mismos y han aprendido, dentro de lo que cabe, a ser tolerantes y llevar una buena convivencia diaria.
A mi en lo personal me encanta ir al servicio, no importa cuanta tarea tenga o el cansancio todos los pacientes que hemos tenido hacen que el esfuerzo valga la pena. Hay veces que tengo sentimientos encontrados sobre todo cuando uno de los pacientes deja de ir a terapia porque ya lo dieron de alta, por una parte me da tristeza ya no volverlo a ver y por la otra parte me siento contenta de que lograron salir de ahí y que sé que van a estar mejor. Ni yo ni mis compañeros sabemos a ciencia cierta la enfermedad que cada uno padece o cuanto tiempo van a estar ahí y eso creo que ha sido bastante bueno porque nos ha permitido trabajar sin prejuicios de ningún tipo.
Hasta el momento creo que la decisión que tomé a principio de año de cual proyecto quería llevar a cabo fue la mejor y la volvería a tomar. Estoy muy feliz.

Estas fotos las tomé hace poco en una de las terapias en las que hicimos unas cartulinas con motivo de la primavera.
Nosotros les llevamos el material y organizamos dos equipos. Cada equipo podía hacer su propia cartulina y al final votamos para elegir a la cartulina ganadora. Como premio les llevamos un pequeño chocolate con forma de conejito por haber pasado la temporada de pascua.

Experiencia de Jurg Schneider en CAS


Estuve en el proyecto de Casa Hogar Santa Ines, siendo honesto me cansaba mucho tener que ir todos los miércoles saliendo de la escuela y quedarme hasta las 6. Además de eso me di cuenta que al salir de Santa Ines siempre salía con la energía muy baja, también noté que no soy bueno para cuidar y aguantar a niñas pequeñas, es por eso que me salí de ahí para entrar a Eco-Suizo y otros proyectos dentro de la escuela. 

viernes, 19 de abril de 2013

CIDESIAP Centro Colibrí, por Belén Najera


En el centro Colibrí se atendían niños, niñas y sus familias migrantes de orígenes Otomí. En el centro se hacían talleres de distinta índole para los niños. Nosotros organizamos talleres nuevos a los que tenían durante el turno matutino (p.e.informática); hicimos un taller de matemáticas, uno de manualidades, uno de lectoescritura, uno de música y uno de baile.
Cuando nos dijeron cómo tenía que ser la parte de servicio de CAS me preocupe bastante porque no tenía la más remota idea de dónde iba a encontrar una institución a la que ir. Por suerte una amiga había escuchado del Centro a través de su mamá. Me explicó qué era lo que se hacía ahí, me dijo que podríamos trabajar ayudando niños y me convenció de irlo a visitar. Arreglamos todo bastante rápido (si sí nos aceptaban, qué días iríamos, en qué horarios, de qué serían los talleres, con niños de qué edad) así que el proceso de decidir la institución, horarios y actividades fue bastante sencillo. Como teníamos todo listo pudimos empezar apenas comenzó Noviembre.

Yo decidí dar un taller de manualidades con otra amiga, queríamos que los niños tuvieran un espacio en el que pudieran ser creativos, mostrar su individualidad y relajarse un poco. Logramos estos objetivos fácilmente porque las actividades les gustaron mucho, además eran sencillas así que todos podían hacerlas y quedar felices con el resultado (teníamos niños de 4 a 9 años).

Nos dijeron que trabajáramos durante noviembre en algo para una posada que se iba a hacer en diciembre así que nuestra primera actividad fue unos farolitos (decoración). Decidimos empezar con esto porque era algo simple y queríamos ver cómo trabajaba el grupo. Trabajaron muy bien. Nos dividimos niños y niñas (fue la única clase que lo hicimos) para trabajar porque así sería más fácil para nosotras tener control de grupo y conocer un poco a los niños.

La siguiente vez que nos vimos comenzamos otro proyecto mucho más relacionado con las posadas: ¡piñatas! Los niños estaban muy entusiasmados aunque algunos admitieron que tenían miedo porque nunca habían hecho una y tenían miedo de arruinarlo. Comentarios como este eran frecuentes pero eran fáciles de manejar pues sólo les teníamos que decir que todos estábamos aprendiendo juntos entonces no tenían que tener miedo, y si lo tenían, tenían que enfrentarlo. Todo iba muy bien pero se nos terminó el engrudo entonces tuvimos que improvisar con el resistol que tenían ahí y tuvimos que inventarnos otras actividades para matar tiempo.

Así siguieron las siguientes sesiones pero por una u otra razón terminé dando el taller yo sola en algunas ocasiones. He de admitir que la primera vez que esto sucedió estaba muy nerviosa porque no sabía cuántos niños iban a ir así que le expliqué la situación a una de las coordinadoras y le pedí si podía estar en el salón (sólo haciendo presencia). No hubo ningún problema ni esa ni ninguna otra clase. De repente había momentos incómodos en los que los niños mencionaban que sus papás les pegaban o en los que alguien no quería hacer la actividad porque no había tenido un buen día; al principio no sabíamos qué hacer pero después nos dimos cuenta de que si sólo cambiábamos de tema y continuábamos platicando como si nada los niños no se lo tomaban personal y regresaban a trabajar.
Creo que las actividades los entretuvieron mucho y si lograron que se olvidaran del resto del mundo por un rato, hicimos que trabajaran en equipo (no siempre solos o con sus amigos) para que pudieran aprender a relacionarse mejor con otras personas.

En el tiempo en el que estuve en el Colibrí aprendí mucho sobre responsabilidad y compromiso porque tenía que recordar llevar dinero para el pasaje, llevar el material de la clase, no olvidar mis cosas de la escuela y seguir haciendo tareas. Aprendí acerca de compromiso porque a pesar de tener mucho trabajo escolar que hacer no podía dejar olvidado el Colibrí, era necesario planear las clases, los materiales, conseguir o hacer los materiales y probar las cosas antes de hacerlas (farolitos, grullas y piñatas).

Hubo un descanso en diciembre y debíamos reanudar actividades a finales de enero pero no nos contactaban ni nada entonces nos preocupamos y buscamos a las coordinadoras hasta que nos respondieron que estaban teniendo varios problemas financieros y que era probable que el centro tuviera que cerrar. Me sentí muy decepcionada porque en verdad me gustaba ir y pasar tiempo con los niños y enseñarles cosas que ellos ni sabían que estaban aprendiendo. Me pareció que la posada fue un bonito cierre para lo que estuvimos haciendo durante noviembre y diciembre, los niños se divirtieron muchísimos, consiguieron muchos dulces de las piñatas (hicimos la colecta de dulces) y pudieron mostrar lo que habían hecho en otros talleres (una canción, una obra). Aún es posible continuar con el proyecto pero de manera distinta y la verdad es que no me interesa de la misma manera pues trabajar directamente con los niños enseñándoles algo que a mí me apasiona era lo que hacía de este servicio algo tan único.


Centro Interdisciplinario para el Desarrollo Social, Colibrí. Por Amaranta Manrique de Lara.


Conocí el Centro Colibrí por mi mamá. En realidad conozco muchas instituciones que trabajan con infancia y derechos humanos porque mi mamá trabaja con infancia y derechos humanos; siempre ha sido parte de lo que veo tirado en la casa o escucho cuando la acompaño a viajes de trabajo. Cuando nos dijeron que teníamos que hacer servicio social, sabía que quería hacer algo relacionado con niños (siempre me ha gustado trabajar con niños y había pasado ya algunos veranos ayudando a mi abuela en su guardería) y le pedí a mi mamá que si me presentaba gente para platicar y escoger un buen proyecto. El Colibrí me gustó mucho y se me hizo buena opción. Primero, porque yo no tenía ni idea de que existían predios en la Colonia Roma. Me sigue sorprendiendo cómo solemos no darnos cuenta de lo que está pasando en nuestras narices. Segundo, porque niños migrantes eran una población que presentaba un reto y por lo mismo se me hacía una población interesante. Tercero, que podría parecer poco importante pero en mi opinión no lo es, porque un grupo de compañeros parecían estar igual de interesados y entusiasmados con la idea.
El Colibrí está en una casa vieja en la calle Chihuahua. Supongo que no es gran cosa, en realidad se ve un poco descuidada por fuera porque se trata de una institución sin fines de lucro que obtiene dinero metiendo su proyecto a competencias y ganando premios y financiamiento. Pero este lugarcito es un pequeño cacho de “paraíso” para los niños que van. Se trabaja en dos turnos, para que los niños que van a la escuela puedan estar en el Colibrí en la mañana o en la tarde dependiendo de sus necesidades;  mi equipo y yo participamos en el turno vespertino. Los niños llegan, comen, se lavan los dientes (porque la higiene es importante y es algo que se les enseña) y se dividen: los chiquitos de niveles 1 y 2 van con Atenea y los grandes de nivel 3 van con Karen (Karen y Atenea son casi como sus mejores amigas, aunque también son casi como mamás para ellos cuando es necesario). Se podría decir que el Colibrí es una escuela, pero en el sentido más amplio de la palabra, no el de uniformes y niños sentados en bancas escuchando; es un centro interdisciplinario. Los ayudan con sus tareas y a regularizarse, pero el corazón del trabajo que hacen son los talleres varios, como manualidades, capoeira y música. Su enfoque es que los niños tienen derecho a la diversión a través de la educación (no el sistema educativo, la educación), porque cosas que nosotros tomamos tan por sentado como saber leer o aprender matemáticas, les dan la oportunidad de conocer mundos completamente nuevos (tan simples como el mundo de Harry Potter o tan complejo como el mundo del infinito matemático).
Yo contribuí a dos talleres (ambos con compañeros): matemáticas a niveles 1 y 2, y lectoescritura a nivel 3. Honestamente, no me emocionaba tanto trabajar con nivel 3 porque los adolescentes me intimidan fácilmente y había chavos (ah, porque además eran todos hombres) más grandes que yo. Lo que me emocionaba eran los chiquitos, porque además me han dicho que eso de enseñar mate se me da (es mi única fuente de ingreso real). Disfruté trabajar con niveles 1 y 2; me hacían sonreír mucho con sus comentarios inocentes (“Mi corazón tiene que estar aquí [señala cabeza] porque con él pienso”), aunque también era difícil escuchar algunos (“¡El papá de ** le pega!”). Sorprendentemente, lo que se me hizo más gratificante fue el trabajo con los de nivel tres. Tuvimos problemas al principio; supongo que las vidas que llevan hacen que sea más difícil para ellos confiar en alguien, y todo trabajo en conjunto se basa en confianza. No nos querían hablar, no estaban dispuestos a trabajar… Pero luego de una larga charla encontramos algo que hacer que ellos fueran a disfrutar: escribieron una obra de un acto para  presentar en su posada en diciembre que resultó ser más o menos una representación de sus vidas en papel.
Por lo que entiendo, el punto de CAS es expandir tus horizontes, conocer cosas diferentes, básicamente salir de la burbujita que (muy probablemente) tu escuela y tu entorno te han creado. Por mi propio entorno familiar, me gustaría pensar que nunca me ha sido ajeno el “conocimiento” (perdón por el pésimo uso de la palabra) conocimiento de la (triste) realidad de nuestro país y del mundo, pero ese “conocimiento” ha sido en su mayoría pasivo para mí. Escuchando esas historias de sus bocas es mucho más real que verlo en televisión o leerlo en el periódico. También duelen de una manera más real. Pero no es todo historias de terror. La verdad es que se me hacen personas increíblemente admirables. No porque sean tan buenas personas aún teniendo vidas así, sino porque son buenas personas porque tienen vidas así. ¿Que sus padres no quieren que vayan a la escuela? Pues van y se esfuerzan más. ¿Que no están contribuyendo dinero a la casa si se la pasan estudiando? Pues van y lavan parabrisas todo el día (en un buen día, puedes ganar 200 o 300 pesos). Toman su situación y la aprovechan al máximo, en lugar de tratar de olvidarla. Y creo que para ellos estar en el Colibrí también es un reto personal, porque los ayuda a superarse a sí mismos de muchas maneras y de probarse a sí mismos que pueden hacer muchas cosas, todas las cosas que quieran, y no se tienen que quedar sólo con lo que sus papás dicen que tendrían que estar haciendo.
Siempre se dijo que nosotros íbamos a ser los que acababan aprendiendo. Es cierto. Nunca pensé en el servicio social como una carga. No voy a decir que se me olvida que es obligatorio porque hay que firmar hojas y hacer reportes, pero las hojas y los reportes se van a perder y se me va a olvidar su existencia, pero la experiencia no. Por eso tal vez no es tan malo que CAS sea un requerimiento. Creo que si logras encontrar un proyecto que te guste y te rete, y te logras abrir a lo que puedes aprender de él, es posible que de las memorias más gratas que tengas de todo lo que tuviste que hacer para el IB sea haber sido parte de algo de importancia.

Alzheimer México, por Jorge Rodolfo González Esquinca

En la institución se ayuda a las personas de la tercera edad que sufren de enfermedades como Alzheimer. Se realizan actividades que alentan el deterioro de sus capacidades motrices. Estas son como realizar ejercicios de acondicionamiento físico. Constantemente se está buscando o procurando que tengan una buena salud y alimentación. 


Durante ya cinco meses, he estado ayudando en una clínica especial para personas que sufren de Alzheimer. Esto ha sido una experiencia que ha cambiado la forma en la que veo al mundo. Antes de hacer esto, ya había escuchado de esta peligrosa enfermedad, pero nunca me había imaginado a los límites que podía llegar; no es lo mismo saber en qué consiste a ya trabajar personal mente con personas que no saben que la sufren.
Creo que esta actividad me ha ayudado a entender y saber cómo tratar a las personas enfermas, así como a saber qué temas y cuáles no tratar con ellos.
Aunque al principio fue algo difícil saber cómo tratar a la gente y saber qué actividades se podían realizar con ellos, me ha gustado la experiencia.
Después del tiempo que he estado yendo, a veces siento que los viejitos se acuerdan de mí, y que, aunque no lo puedan expresar, están agradecidos de que los estoy ayudando. 

Alzheimer México, por Rita Manuell Barrios


En esta institución se les ayuda a los pacientes a realizar actividades sociales, culturales y de terapia física, ocupacional y lúdica. También se vigila su salud y su alimentación, y se les reeduca para las actividades básicas de la vida diaria.
Además la institución proporciona cursos de capacitación, grupos de apoyo para los familiares y becas de estancia.

Cuando iniciamos este proyecto no sabía qué tan complicado iba a ser ya que nunca había tratado con personas con Alzheimer, pero ahora que ya ha pasado un tiempo considerable puedo decir que no me arrepiento de haber escogido trabajar con personas mayores ya que he aprendido muchas cosas importantes, no sólo cualidades como la paciencia o la gratitud sino que he aprendido mucho de ellos. Esto no quiere decir que haya sido sencillo, al contrario, al principio no sabíamos cómo los debíamos tratar ni cómo reaccionar a sus acciones ni qué actividades eran las más adecuadas para ellos, además de que vamos a un horario complicado ya que en la tarde ya están cansados y se quieren ir a sus casas, pero poco a poco con la práctica y la ayuda de las personas encargadas fuimos obteniendo las respuestas a todo eso y descubrimos que las actividades que más les gustan son las manualidades que además de tranquilizarlos les ayudan a que no pierdan agilidad motriz. Me he dado cuenta de que trabajar con personas de la tercera edad es algo muy valioso ya que, aunque en este caso tienen problemas para recordar y a veces no tienen mucha coherencia, son gente con mucha experiencia que nos aportan muchos de sus conocimientos cuando nos cuentan sus anécdotas de cuando eran jóvenes y a su vez nosotros les proporcionamos un rato agradable y alguien con quien platicar, por lo que se hace un intercambio recíproco del cual todos salimos beneficiados. Esta experiencia me ha gustado mucho y espero poder seguir haciendo algo parecido en el futuro.

Casa Hogar Santa Inés, A.C. por Daniel Gschwend.




Al principio la idea del proyecto era dividirnos en tres grupos y que dos les ayudaran en tareas, dos les enseñaran inglés y dos les dieran educación física. Esto duró muy poco porque las niñas no cooperaban mucho en este sistema. Fuimos cambiando nuestra forma de organizar actividades hasta llegar a lo que hacemos actualmente, que es ayudarles en tareas a las niñas que quieren, y con las demás organizar actividades que les enseñen a ser más educadas y poder comportarse, y también que les brinden la atención que necesitan ya que por la falta de padres carecen mucho de atención.

Ir a la casa hogar Santa Inés me ha enseñado y brindado mucho, desde el principio las niñas nos recibieron muy bien, lo cual creó una confianza y comodidad inmediata entre todos. Aprendí a ser una persona mucho más paciente y comprensiva, ya que muchas niñas tienen una falta de concentración y educación sorprendente, y hasta pueden llegar a ser agresivas. A veces también llega a ser preocupante ver a través de estas niñas lo mal que está la situación de la educación pública en México, y por eso nosotros intentamos lo más que podemos ayudar a estás niñas para que estén mejor preparadas para el futuro.

Lo que más me ha complacido de venir a Santa Inés ha sido ver como la amistad entre las niñas y nosotros crece cada vez más, y como así hemos logrado que las niñas sean más respetuosas y pacientes.



Alzheimer México, una esperanza de vida. Por Aranxa Márquez.

En un principio comenzamos realizando dibujos, lotería (que resultó un poco complejo para nuestros pacientes) y rompecabezas. Con algunas personas estas actividades no funcionaban del todo pero por otro lado se conformaban con que hablaras con ellos y los escucharas. Hoy ya hacemos actividades más dinámicas con algunas personas como servilleteros a base de cilindros de papel de baño cubiertos por papel china entre otros adornos; floreros con unos botes de plástico; para la temporada de Febrero estuvimos haciendo tarjetas para que regalaran a sus familiares y en abril estuvimos haciendo huevos de pascua. Con las personas más dispersas nos sentamos a escucharlos y a platicar con ellos.


Me parece increíble la buena disposición que muestran la mayoría de las personas a realizar las actividades que planeamos para ellos. En algunas de estas actividades se nota mucho el avance de la enfermedad que tienen, pero a pesar de todo siempre están dispuestos a trabajar con nosotros. Algo que me parece peculiar con estos pacientes es el contexto en el que se encuentran sus mentes, ya que además de que son completamente ajenas a nosotros, siempre parecen estar comprando cosas. Así es, comprando. Lo que nos han comentado las enfermeras de este lugar acerca de los pacientes es que los recuerdos que más conservan, los más vívidos, son los de la infancia, por lo tanto es muy tierno ver cómo se emocionan cuando después de que te preguntan “¿Y ésto (el dibujo o proyecto que estemos haciendo con ellos) a cuánto sale? nosotros contestamos “Nada, ésto se los trajimos nosotros a ustedes y no cuesta nada” se impresionan con el simple hecho de que sea gratis.

Hay veces que actúan completamente como niños pequeños quienes terminan una actividad y de un segundo a otro deciden que no les gusta y lo dejan abandonado. Puedo decir con certeza que la paciencia es algo que he adaptado a mí y que he ido mejorando conforme me familiarizo con ellos. Hay veces que te llegan a saludar cinco veces en menos de diez minutos, y a veces, inclusive confirman que somos “esos que vinimos en la mañana”, pero con el tiempo me acostumbré a sus elocuencias y simplemente disfruto de ellos y de sus historias a medio contar, porque aunque igual y no nos recuerden siempre nos saludan como al desconocido más esperado del día.

miércoles, 17 de abril de 2013

Casa Hogar Santa Inés, por Patrick Giess Romero

Iniciamos actividades en noviembre del 2012, la Casa Santa Inés A.C es una institución ubicada en barrio San Lucas en Coyoacán. Esta institución es únicamente para niñas, y aquí ellas pueden vivir hasta que cumplen los 18 años. Mi equipo y yo lo que hacemos es ayudarlas académicamente y emocionalmente, debido a que son niñas que tienen muchos problemas en su hogar.
Fue hace ya 6 meses que la Institución Santa Inés A.C nos recibió con mucha felicidad.
Me sorprendió poder ver a tantas niñas en un solo lugar, donde ellas puedieran jugar, divertirse e incluso hacer su tarea.
Cada semana mi equipo y yo nos dividimos las actividades que hay que hacer y si hay tiempo al final jugamos con las niñas.
Yo pensé que iba a ser muy difícil poderse acoplar a la institución, debido a que como es sólo de niñas, ellas se iban a sentir incómodos con puros hombres mayores a su alrededor. Afortunadamente no fue así, después de las primeras semanas de haber hablado con ellas y poder saber más de ellas, nos abrieron los brazos y nos permitieron ayudarles en todo lo que se les ofreciera como si fuéramos parte de la institución desde hace ya mucho tiempo.
La parte que más trabajo me costó durante todo el proyecto, fue poder organizar a las niñas, que te hicieran caso y que sobre todo se respetaran entre sí, ya que eran muy agresivas y habían veces que no podías controlarlas.
Aún no he acabado mi proyecto, al cual seguiré yendo hasta el final del año escolar 2012-2013, pero hasta ahora me ha servido mucho como persona, he aprendido a hacer nuevas cosas y convivir con nuevas personas. Espero que todo este trabajo en la institución no sólo me haya ayudado a mí, si no que también haya podido aportar algo hacia las niñas.
El proyecto en general me va a dejar por siempre muchos recuerdos positivos y bonitos de mi estancia en la institución y me ha ayudado a apreciar más lo que tengo.

Le Café du Philosophie, por Ma. Fernanda Serrano

Le Café du Philosophie se realiza los martes, cada 15 días. Seleccionamos un tema filosófico por cada dos sesiones, en la primera vienen un invitado a dar una plática sobre el tema, en la segunda se hacen preguntas sobre el tema y se entra en una discusión. 

El proyecto ha tenido sus altas y bajas. En mi opinión hemos logrado una mejor organización en cuanto a los temas y materiales. Nuestro principal problema es la difusión pero estamos trabajando sobre eso para poder lograr que todos los alumnos y maestros conozcan el proyecto. 

Antes de salir de vacaciones el tema del café fue “¿Es la religión la solución para nuestra falta de respuestas?“. Nuestro invitado nos hablo de su experiencia propia respecto al tema y al responder la pregunta nos dijo que no, la religión no es la solución sino Dios. 
Cuando la filosofía llega a un límite lo único que nos queda es tener fe y ese es un estado de plenitud en donde tenemos una relación con Dios.

Todavía nos reuniremos en las siguientes fechas durante este ciclo escolar. 

Martes 23 de abril del 2013 de 16:30 a 17:30
Martes 7 de mayo del 2013 de 16:30 a 17:30
Martes 21 de mayo del 2013 de 16:30 a 17:30

Clínica Psiquiátrica "La Florida", por Ma. Fernanda Serrano.

Proyecto iniciado en Enero de 2013 atendiendo pacientes de la Clínica Psiquiátrica. 


Actividades: Damos una terapia a los pacientes los miércoles de 3:30 a 5:30. En la terapia realizamos actividades lúdicas como dibujar, juegos de palabras, algunas veces cantamos y también hacemos deporte en su mayoría fútbol y volleyball.

Cada semana que volvemos a ir conocemos mejor a cada paciente, todos los que estamos en este proyecto tenemos una relación muy bonita con los pacientes de la clínica. Creo que al principio nuestras actividades les eran poco interesante por lo que optamos por preguntarles lo que les gustaría hacer. Así hemos tratado de complacer a cada uno y procurando la participación de todos. Siento que hemos progresado mucho en cuanto al control del grupo, al principio había mucha dispersión en el grupo pero ahora la mayoría permanece concentrada. Para lograr esto pensamos en hacer varias actividades sencillas para mantener al grupo activo.

jueves, 11 de abril de 2013

Un Techo Para Mi País, por Sofía Graf




“Un Techo para mi País (UTPMP) es una organización latinoamericana creada y liderada por jóvenes voluntarios, con el objetivo de erradicar la extrema pobreza en el continente.
El trabajo de UTPMP se da a través un proyecto de desarrollo social que comienza con la construcción de viviendas de emergencia, siguiendo con la etapa de Habilitación Social en la que se ejecutan de planes de salud, educación, fomento productivo y asesoría jurídica en las comunidades, hasta llegar a la última etapa del proyecto, Comunidad Sustentable, en la que se acompaña a las familias en la gestión de soluciones definitivas que permitan la construcción de nuevas colonias integradas a las redes sociales, manteniendo el capital social que la comunidad haya adquirido como reflejo de su grado de desarrollo autosustentable.
El objetivo final de UTPMP es que todos aquellos que viven en situación de extrema pobreza puedan acceder a nuevas oportunidades que les permitan optar por una mejor calidad de vida.
Todas las etapas que componen el proyecto son implementadas en conjunto, entre voluntarios, familias de las comunidades, empresas y gobierno, bajo un principio de participación no asistencialista.”

Experiencia:

Yo había ido de misiones durante dos años seguidos pero ya no me gustaba la forma en la que “ayudábamos” a las personas pobres y fue por eso que comencé a buscar proyectos en los cuales el servicio que les brindara a las personas sí tuviera un impacto más fuerte en sus vidas. Finalmente encontré “Un Techo Para Mi País”, al leer en la página de internet me di cuenta que sus objetivos y valores coincidían con mi forma de pensar. De esta manera llené un formato en su página web y me inscribí a una construcción.

Nos citaron un viernes a las 5 de la mañana en el Parque México de la Condesa, cuando llegué me impresione al ver tantos voluntarios formados para ser asignados a grupos. Como una voluntaria más me formé con el recibo de mi pago, mi reducida maleta que incluía un martillo y mi sleeping bag atrás de casi 200 personas. Una vez que llegué con los organizadores, estaban dividiendo a los voluntarios en seis grupos, cada uno nos dirigiríamos a diferentes escuelas públicas en diferentes zonas de la ciudad, a mi grupo le tocó Xochimilco. En lo que terminaban de registrarse los demás, me coloqué con los voluntarios de mi grupo y ahí esperamos. Antes de subirnos a los camiones e irnos a las comunidades, nos dimos una fuerte porra y un aplauso. Empacamos la comida, las maletas y los útiles para la construcción en el pequeño camión y emprendimos la aventura. Al llegar a la comunidad nos instalamos en una escuela pública que nos prestó la comunidad para alojarnos las dos siguientes noches. Mi grupo era de 40 personas aproximadamente, entonces los organizadores nos dividieron de nuevo al azar en seis grupos de más o menos seis personas con las que ibas a trabajar en la construcción. Sin tiempo que perder fuimos a conocer a la familia a la cual le construiríamos su vivienda de emergencia.


La familia nos indicó dónde querían que hiciéramos la casa y comenzamos a aplanar el terreno y así después hacer los hoyos para los troncos que sostendrían la vivienda. Creo que ésta fue la parte más difícil y a la cual más tiempo le tuvimos que dedicar pues teníamos que asegurarnos que las medidas fueran exactamente iguales a las de las tablas que pondríamos después y que además estuvieran niveladas. Esto nos llevó todo un día entero, sin embargo durante el día conocimos a los miembros del grupo, convivimos mucho con la familia a la hora de la comida y jugamos con los niños. La familia que nos tocó no era muy abierta, no participaba en la construcción y tampoco era muy agradecida. Regresamos a la escuela muy cansados e hicimos una dinámica de integración con todos los otros grupos para conocernos un poco mejor, después cenamos y directo a dormir pues estábamos realmente agotados y a la mañana siguiente también nos teníamos que levantar temprano.


A las 5 de la mañana sonó el despertador, habíamos pasado muchísimo frío y habíamos dormido bastante incómodos en la piso duro de piedra. Desayunamos fuerte para aguantar hasta las 3 de la tarde que era la hora de la comida y antes de salir hacia las casas de las familias hicimos un pequeño juego para despertar y animarnos. 

El segundo día ya fue mucho más divertido; instalamos el piso y luego varias tablas que debíamos martillar para que quedaran fijas. Nunca en la vida me había dolido más la mano que cuando acabamos de poner el piso. Fácil clavamos 150 clavos, de todo tipo, grandes y pequeños. Realizamos competencias con los niños y el señor de la casa para ver quién lo hacía más rápido. Fue divertido y terminamos en poco tiempo. Antes de seguir con las paredes comimos con la familia, ésta era una de las partes más importantes pues la familia se esforzaba para que su comida te gustara y hasta gastaban del poco dinero que tenían para comprarte una Coca-Cola.  Ese día la familia ya estaba más abierta, se les notaba muy feliz y comenzaron a platicarnos más sobre sus cosas. 


En la tarde comenzamos a poner las paredes pre-fabricadas. Éstas eran muy pesadas y por eso solamente los hombres del equipo y los hombres de la familia ayudaron a colocarlas mientras las mujeres nos acercábamos a los niños o a las mujeres.  Creo que el conocer a las personas que estás ayudando es la parte más importante del servicio social pues al final vas a poder ver si verdaderamente lograste tu objetivo.                                                                                                                 



Al regresar a la escuela tuvimos que compartir con los demás grupos cosas sobre nuestras familias y sobre nuestros progresos. Después cenamos y de nuevo a dormir, estando aún más cansados. Cayó una tormenta por lo tanto pasamos más frío y estábamos asustados de que lo que llevábamos construido no se cayera.
Era el último día de construcción y a fuerza debíamos de terminar la casa; faltaba poner el techo, la puerta y las ventanas. Afortunadamente no se cayó nada y rápidamente continuamos con el techo, el cual también fue divertido de instalar aunque el sol estaba muy duro. 


Tuvimos algunos problemas al poner las ventanas porque la primera vez estaban al revés. Entonces perdimos algo de tiempo en eso.
Finalmente nos dio tiempo de terminar la vivienda y realizamos una especie de ceremonia para entregarle a la familia su casa como es debido. Colocamos globos y un listón en la puerta para que la señora lo cortara e inaugurara su hogar. Jamás voy a olvidar las sonrisas y los abrazos de agradecimiento de esa familia al ver su casa terminada.

Sucios, mal olientes, cansados e insolados pero conmocionados casi hasta las lágrimas emprendimos el regreso al Parque México en la Condesa en donde nos recogerían de una de las mejores experiencias que he tenido en toda mi vida. Sin duda alguna la volvería a repetir pues no solo ayudamos a una familia necesitada sino que me ayudó a mí.