Bienvenido a CAS


...si crees en algo, no debes limitarte a pensar
o hablar o escribir,
sino que debes actuar.

(Peterson, 2003)


jueves, 11 de abril de 2013

Un Techo Para Mi País, por Sofía Graf




“Un Techo para mi País (UTPMP) es una organización latinoamericana creada y liderada por jóvenes voluntarios, con el objetivo de erradicar la extrema pobreza en el continente.
El trabajo de UTPMP se da a través un proyecto de desarrollo social que comienza con la construcción de viviendas de emergencia, siguiendo con la etapa de Habilitación Social en la que se ejecutan de planes de salud, educación, fomento productivo y asesoría jurídica en las comunidades, hasta llegar a la última etapa del proyecto, Comunidad Sustentable, en la que se acompaña a las familias en la gestión de soluciones definitivas que permitan la construcción de nuevas colonias integradas a las redes sociales, manteniendo el capital social que la comunidad haya adquirido como reflejo de su grado de desarrollo autosustentable.
El objetivo final de UTPMP es que todos aquellos que viven en situación de extrema pobreza puedan acceder a nuevas oportunidades que les permitan optar por una mejor calidad de vida.
Todas las etapas que componen el proyecto son implementadas en conjunto, entre voluntarios, familias de las comunidades, empresas y gobierno, bajo un principio de participación no asistencialista.”

Experiencia:

Yo había ido de misiones durante dos años seguidos pero ya no me gustaba la forma en la que “ayudábamos” a las personas pobres y fue por eso que comencé a buscar proyectos en los cuales el servicio que les brindara a las personas sí tuviera un impacto más fuerte en sus vidas. Finalmente encontré “Un Techo Para Mi País”, al leer en la página de internet me di cuenta que sus objetivos y valores coincidían con mi forma de pensar. De esta manera llené un formato en su página web y me inscribí a una construcción.

Nos citaron un viernes a las 5 de la mañana en el Parque México de la Condesa, cuando llegué me impresione al ver tantos voluntarios formados para ser asignados a grupos. Como una voluntaria más me formé con el recibo de mi pago, mi reducida maleta que incluía un martillo y mi sleeping bag atrás de casi 200 personas. Una vez que llegué con los organizadores, estaban dividiendo a los voluntarios en seis grupos, cada uno nos dirigiríamos a diferentes escuelas públicas en diferentes zonas de la ciudad, a mi grupo le tocó Xochimilco. En lo que terminaban de registrarse los demás, me coloqué con los voluntarios de mi grupo y ahí esperamos. Antes de subirnos a los camiones e irnos a las comunidades, nos dimos una fuerte porra y un aplauso. Empacamos la comida, las maletas y los útiles para la construcción en el pequeño camión y emprendimos la aventura. Al llegar a la comunidad nos instalamos en una escuela pública que nos prestó la comunidad para alojarnos las dos siguientes noches. Mi grupo era de 40 personas aproximadamente, entonces los organizadores nos dividieron de nuevo al azar en seis grupos de más o menos seis personas con las que ibas a trabajar en la construcción. Sin tiempo que perder fuimos a conocer a la familia a la cual le construiríamos su vivienda de emergencia.


La familia nos indicó dónde querían que hiciéramos la casa y comenzamos a aplanar el terreno y así después hacer los hoyos para los troncos que sostendrían la vivienda. Creo que ésta fue la parte más difícil y a la cual más tiempo le tuvimos que dedicar pues teníamos que asegurarnos que las medidas fueran exactamente iguales a las de las tablas que pondríamos después y que además estuvieran niveladas. Esto nos llevó todo un día entero, sin embargo durante el día conocimos a los miembros del grupo, convivimos mucho con la familia a la hora de la comida y jugamos con los niños. La familia que nos tocó no era muy abierta, no participaba en la construcción y tampoco era muy agradecida. Regresamos a la escuela muy cansados e hicimos una dinámica de integración con todos los otros grupos para conocernos un poco mejor, después cenamos y directo a dormir pues estábamos realmente agotados y a la mañana siguiente también nos teníamos que levantar temprano.


A las 5 de la mañana sonó el despertador, habíamos pasado muchísimo frío y habíamos dormido bastante incómodos en la piso duro de piedra. Desayunamos fuerte para aguantar hasta las 3 de la tarde que era la hora de la comida y antes de salir hacia las casas de las familias hicimos un pequeño juego para despertar y animarnos. 

El segundo día ya fue mucho más divertido; instalamos el piso y luego varias tablas que debíamos martillar para que quedaran fijas. Nunca en la vida me había dolido más la mano que cuando acabamos de poner el piso. Fácil clavamos 150 clavos, de todo tipo, grandes y pequeños. Realizamos competencias con los niños y el señor de la casa para ver quién lo hacía más rápido. Fue divertido y terminamos en poco tiempo. Antes de seguir con las paredes comimos con la familia, ésta era una de las partes más importantes pues la familia se esforzaba para que su comida te gustara y hasta gastaban del poco dinero que tenían para comprarte una Coca-Cola.  Ese día la familia ya estaba más abierta, se les notaba muy feliz y comenzaron a platicarnos más sobre sus cosas. 


En la tarde comenzamos a poner las paredes pre-fabricadas. Éstas eran muy pesadas y por eso solamente los hombres del equipo y los hombres de la familia ayudaron a colocarlas mientras las mujeres nos acercábamos a los niños o a las mujeres.  Creo que el conocer a las personas que estás ayudando es la parte más importante del servicio social pues al final vas a poder ver si verdaderamente lograste tu objetivo.                                                                                                                 



Al regresar a la escuela tuvimos que compartir con los demás grupos cosas sobre nuestras familias y sobre nuestros progresos. Después cenamos y de nuevo a dormir, estando aún más cansados. Cayó una tormenta por lo tanto pasamos más frío y estábamos asustados de que lo que llevábamos construido no se cayera.
Era el último día de construcción y a fuerza debíamos de terminar la casa; faltaba poner el techo, la puerta y las ventanas. Afortunadamente no se cayó nada y rápidamente continuamos con el techo, el cual también fue divertido de instalar aunque el sol estaba muy duro. 


Tuvimos algunos problemas al poner las ventanas porque la primera vez estaban al revés. Entonces perdimos algo de tiempo en eso.
Finalmente nos dio tiempo de terminar la vivienda y realizamos una especie de ceremonia para entregarle a la familia su casa como es debido. Colocamos globos y un listón en la puerta para que la señora lo cortara e inaugurara su hogar. Jamás voy a olvidar las sonrisas y los abrazos de agradecimiento de esa familia al ver su casa terminada.

Sucios, mal olientes, cansados e insolados pero conmocionados casi hasta las lágrimas emprendimos el regreso al Parque México en la Condesa en donde nos recogerían de una de las mejores experiencias que he tenido en toda mi vida. Sin duda alguna la volvería a repetir pues no solo ayudamos a una familia necesitada sino que me ayudó a mí.

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