Bienvenido a CAS


...si crees en algo, no debes limitarte a pensar
o hablar o escribir,
sino que debes actuar.

(Peterson, 2003)


viernes, 19 de abril de 2013

CIDESIAP Centro Colibrí, por Belén Najera


En el centro Colibrí se atendían niños, niñas y sus familias migrantes de orígenes Otomí. En el centro se hacían talleres de distinta índole para los niños. Nosotros organizamos talleres nuevos a los que tenían durante el turno matutino (p.e.informática); hicimos un taller de matemáticas, uno de manualidades, uno de lectoescritura, uno de música y uno de baile.
Cuando nos dijeron cómo tenía que ser la parte de servicio de CAS me preocupe bastante porque no tenía la más remota idea de dónde iba a encontrar una institución a la que ir. Por suerte una amiga había escuchado del Centro a través de su mamá. Me explicó qué era lo que se hacía ahí, me dijo que podríamos trabajar ayudando niños y me convenció de irlo a visitar. Arreglamos todo bastante rápido (si sí nos aceptaban, qué días iríamos, en qué horarios, de qué serían los talleres, con niños de qué edad) así que el proceso de decidir la institución, horarios y actividades fue bastante sencillo. Como teníamos todo listo pudimos empezar apenas comenzó Noviembre.

Yo decidí dar un taller de manualidades con otra amiga, queríamos que los niños tuvieran un espacio en el que pudieran ser creativos, mostrar su individualidad y relajarse un poco. Logramos estos objetivos fácilmente porque las actividades les gustaron mucho, además eran sencillas así que todos podían hacerlas y quedar felices con el resultado (teníamos niños de 4 a 9 años).

Nos dijeron que trabajáramos durante noviembre en algo para una posada que se iba a hacer en diciembre así que nuestra primera actividad fue unos farolitos (decoración). Decidimos empezar con esto porque era algo simple y queríamos ver cómo trabajaba el grupo. Trabajaron muy bien. Nos dividimos niños y niñas (fue la única clase que lo hicimos) para trabajar porque así sería más fácil para nosotras tener control de grupo y conocer un poco a los niños.

La siguiente vez que nos vimos comenzamos otro proyecto mucho más relacionado con las posadas: ¡piñatas! Los niños estaban muy entusiasmados aunque algunos admitieron que tenían miedo porque nunca habían hecho una y tenían miedo de arruinarlo. Comentarios como este eran frecuentes pero eran fáciles de manejar pues sólo les teníamos que decir que todos estábamos aprendiendo juntos entonces no tenían que tener miedo, y si lo tenían, tenían que enfrentarlo. Todo iba muy bien pero se nos terminó el engrudo entonces tuvimos que improvisar con el resistol que tenían ahí y tuvimos que inventarnos otras actividades para matar tiempo.

Así siguieron las siguientes sesiones pero por una u otra razón terminé dando el taller yo sola en algunas ocasiones. He de admitir que la primera vez que esto sucedió estaba muy nerviosa porque no sabía cuántos niños iban a ir así que le expliqué la situación a una de las coordinadoras y le pedí si podía estar en el salón (sólo haciendo presencia). No hubo ningún problema ni esa ni ninguna otra clase. De repente había momentos incómodos en los que los niños mencionaban que sus papás les pegaban o en los que alguien no quería hacer la actividad porque no había tenido un buen día; al principio no sabíamos qué hacer pero después nos dimos cuenta de que si sólo cambiábamos de tema y continuábamos platicando como si nada los niños no se lo tomaban personal y regresaban a trabajar.
Creo que las actividades los entretuvieron mucho y si lograron que se olvidaran del resto del mundo por un rato, hicimos que trabajaran en equipo (no siempre solos o con sus amigos) para que pudieran aprender a relacionarse mejor con otras personas.

En el tiempo en el que estuve en el Colibrí aprendí mucho sobre responsabilidad y compromiso porque tenía que recordar llevar dinero para el pasaje, llevar el material de la clase, no olvidar mis cosas de la escuela y seguir haciendo tareas. Aprendí acerca de compromiso porque a pesar de tener mucho trabajo escolar que hacer no podía dejar olvidado el Colibrí, era necesario planear las clases, los materiales, conseguir o hacer los materiales y probar las cosas antes de hacerlas (farolitos, grullas y piñatas).

Hubo un descanso en diciembre y debíamos reanudar actividades a finales de enero pero no nos contactaban ni nada entonces nos preocupamos y buscamos a las coordinadoras hasta que nos respondieron que estaban teniendo varios problemas financieros y que era probable que el centro tuviera que cerrar. Me sentí muy decepcionada porque en verdad me gustaba ir y pasar tiempo con los niños y enseñarles cosas que ellos ni sabían que estaban aprendiendo. Me pareció que la posada fue un bonito cierre para lo que estuvimos haciendo durante noviembre y diciembre, los niños se divirtieron muchísimos, consiguieron muchos dulces de las piñatas (hicimos la colecta de dulces) y pudieron mostrar lo que habían hecho en otros talleres (una canción, una obra). Aún es posible continuar con el proyecto pero de manera distinta y la verdad es que no me interesa de la misma manera pues trabajar directamente con los niños enseñándoles algo que a mí me apasiona era lo que hacía de este servicio algo tan único.


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