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...si crees en algo, no debes limitarte a pensar
o hablar o escribir,
sino que debes actuar.

(Peterson, 2003)


viernes, 19 de abril de 2013

Alzheimer México, una esperanza de vida. Por Aranxa Márquez.

En un principio comenzamos realizando dibujos, lotería (que resultó un poco complejo para nuestros pacientes) y rompecabezas. Con algunas personas estas actividades no funcionaban del todo pero por otro lado se conformaban con que hablaras con ellos y los escucharas. Hoy ya hacemos actividades más dinámicas con algunas personas como servilleteros a base de cilindros de papel de baño cubiertos por papel china entre otros adornos; floreros con unos botes de plástico; para la temporada de Febrero estuvimos haciendo tarjetas para que regalaran a sus familiares y en abril estuvimos haciendo huevos de pascua. Con las personas más dispersas nos sentamos a escucharlos y a platicar con ellos.


Me parece increíble la buena disposición que muestran la mayoría de las personas a realizar las actividades que planeamos para ellos. En algunas de estas actividades se nota mucho el avance de la enfermedad que tienen, pero a pesar de todo siempre están dispuestos a trabajar con nosotros. Algo que me parece peculiar con estos pacientes es el contexto en el que se encuentran sus mentes, ya que además de que son completamente ajenas a nosotros, siempre parecen estar comprando cosas. Así es, comprando. Lo que nos han comentado las enfermeras de este lugar acerca de los pacientes es que los recuerdos que más conservan, los más vívidos, son los de la infancia, por lo tanto es muy tierno ver cómo se emocionan cuando después de que te preguntan “¿Y ésto (el dibujo o proyecto que estemos haciendo con ellos) a cuánto sale? nosotros contestamos “Nada, ésto se los trajimos nosotros a ustedes y no cuesta nada” se impresionan con el simple hecho de que sea gratis.

Hay veces que actúan completamente como niños pequeños quienes terminan una actividad y de un segundo a otro deciden que no les gusta y lo dejan abandonado. Puedo decir con certeza que la paciencia es algo que he adaptado a mí y que he ido mejorando conforme me familiarizo con ellos. Hay veces que te llegan a saludar cinco veces en menos de diez minutos, y a veces, inclusive confirman que somos “esos que vinimos en la mañana”, pero con el tiempo me acostumbré a sus elocuencias y simplemente disfruto de ellos y de sus historias a medio contar, porque aunque igual y no nos recuerden siempre nos saludan como al desconocido más esperado del día.

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